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Reestructuración e insolvencia

Defensa de acreedores en el concurso en el sector startups y venture capital

Por Beatriz Salazar, Socia — Reestructuración e insolvenciaActualizado: 2033-08-25

El ecosistema de startups y venture capital en España vive una paradoja que se repite con demasiada frecuencia: empresas con modelos de negocio prometedores, participadas por inversores sofisticados, entran en tensión de tesorería y, cuando los administradores reaccionan, el margen de maniobra ya se ha consumido. Los acreedores – fondos, proveedores estratégicos, entidades financieras y co-inversores – constatan entonces que sus posiciones se han deteriorado de forma evitable. La ventana de actuación se cierra más rápido de lo que cualquier consejo de administración anticipa.

En breve: La defensa de los acreedores en el concurso de acreedores de una startup o de una empresa participada por venture capital exige conocer el texto refundido de la Ley Concursal, identificar los instrumentos preconcursales disponibles antes de que se declare el procedimiento y activar la estrategia procesal desde el primer indicio de insolvencia. El asesoramiento temprano de un abogado concursal especializado es la diferencia entre recuperar posiciones relevantes o quedar subordinado en la clasificación de créditos.

El marco concursal aplicable al sector startups: qué exige la normativa a la empresa y a sus acreedores

El texto refundido de la Ley Concursal, reformado en 2022 para transponer la Directiva europea de reestructuración e insolvencia, es el instrumento central que regula el concurso de acreedores en España. Su lógica ha cambiado de forma significativa: el legislador ha apostado por la reestructuración temprana frente a la liquidación, y ha dotado al sistema de herramientas preconcursales que, si se utilizan a tiempo, permiten preservar el valor del negocio. Esto es especialmente relevante en el ecosistema de startups, donde el valor reside fundamentalmente en el equipo, la tecnología y las relaciones comerciales, no en los activos físicos.

Para los acreedores – sean fondos de venture capital, business angels, proveedores de software o entidades financiadoras de deuda – comprender este marco es imprescindible. El concurso no es un procedimiento neutro: la clasificación de los créditos, la composición de la masa activa y la actuación del deudor en los meses previos a la declaración determinan en gran medida lo que el acreedor va a recuperar.

La normativa concursal distingue entre la fase preconcursal – en la que operan los planes de reestructuración y los acuerdos extrajudiciales – y la fase concursal propiamente dicha, con sus dos secciones de convenio y liquidación. En el entorno de las startups, la casuística más frecuente que observamos en nuestra práctica combina deuda convertible pendiente de conversión, préstamos participativos de inversores privados, créditos con proveedores tecnológicos y obligaciones laborales acumuladas. Cada categoría tiene un tratamiento diferente y, para el acreedor que no actúa, puede suponer una pérdida definitiva de posición.

La normativa impone al deudor el deber de solicitar el concurso dentro de los dos meses desde que conoció o debió conocer la situación de insolvencia. Este deber es, al mismo tiempo, una señal de alarma para el acreedor: si el administrador no cumple ese plazo, pueden generarse consecuencias en términos de responsabilidad personal que, a su vez, abren vías de recuperación para los acreedores perjudicados.

¿Por qué el ecosistema inversor tiene vulnerabilidades específicas frente al concurso?

Las startups participadas por fondos de venture capital presentan estructuras de capital que la normativa concursal española no siempre trata con la misma lógica que el inversor esperaba en el momento de la inversión. Cuatro factores hacen que la exposición sea mayor de lo que aparece en el cuadro de cap table.

Primero, la deuda convertible. En muchas rondas de financiación, los fondos o los business angels aportan capital bajo la forma de préstamos convertibles. Si la conversión no se ha producido antes de la declaración del concurso, esa deuda puede quedar clasificada como crédito subordinado en determinadas circunstancias, especialmente cuando existe una relación de especial vinculación entre el prestamista y la sociedad deudora. El resultado es la postergación en el cobro respecto a los acreedores ordinarios.

Segundo, los préstamos participativos. Este instrumento habitual en el ecosistema emprendedor español tiene un régimen concursal específico: la normativa los trata, en principio, como créditos subordinados. El inversor que ha financiado vía préstamo participativo debe tener presente que su posición en el concurso es, estructuralmente, la más expuesta.

Tercero, la ausencia de garantías reales. A diferencia de la financiación bancaria tradicional, la inversión en startups rara vez incluye garantías hipotecarias o prendas sobre activos tangibles. El acreedor queda en su mayoría como acreedor ordinario sin privilegio, lo que en un escenario de liquidación con masa activa insuficiente equivale en la práctica a una pérdida significativa o total.

Cuarto, la velocidad de deterioro. Una startup que pierde su principal contrato o no cierra una ronda de financiación puede pasar de operar con normalidad a una situación de insolvencia inminente en cuestión de semanas. En nuestra experiencia asesorando a fondos y a acreedores financieros en el sector tecnológico, este factor de velocidad es el que más sorprende a los inversores y el que genera mayor pérdida de posición cuando no hay un protocolo de seguimiento activo.

¿Cómo actúa el acreedor antes de la declaración del concurso?

La fase preconcursal es, con diferencia, la más relevante para la defensa del acreedor. Una vez declarado el concurso, la negociación individual queda suspendida y las posiciones cristalizan. Antes, el acreedor que actúa con asesoramiento especializado puede influir de forma determinante en el resultado.

El plan de reestructuración, introducido por la reforma de 2022, es el instrumento preconcursal más potente que ofrece hoy la legislación española. Permite reestructurar deuda con el consentimiento de una mayoría de acreedores organizados en clases y, si se cumplen los requisitos legales, puede imponerse incluso a acreedores disidentes mediante la figura de la homologación judicial. Para el acreedor con posición relevante en términos de volumen de crédito, participar activamente en la negociación del plan es la vía más eficaz de proteger su inversión.

¿Qué ocurre si el acreedor ignora las primeras señales? El riesgo es doble. Por un lado, puede verse vinculado por un plan de reestructuración negociado sin su participación activa. Por otro, si la empresa entra en concurso sin plan previo, el acreedor llega al procedimiento sin haber consolidado ninguna posición negociada.

En nuestra práctica, hemos observado que los acreedores que consiguen mejores resultados en concursos del sector tecnológico son aquellos que, ante los primeros indicios de tensión financiera en la empresa deudora, contratan a un abogado concursal para analizar la situación, comunican formalmente sus posiciones y, si procede, instan la comunicación de negociaciones o se incorporan a los procesos de negociación abiertos por el deudor.

Una herramienta adicional, frecuentemente subestimada, es la solicitud de medidas cautelares antes o durante la declaración del concurso. Cuando existen indicios de vaciamiento patrimonial o de actuaciones del deudor que perjudican a los acreedores, la legislación procesal y concursal ofrece mecanismos de tutela urgente que pueden preservar la masa activa.

Responsabilidad de administradores: la vía de recuperación que los acreedores ignoran con más frecuencia

En el ámbito del concurso de acreedores de startups, la responsabilidad de los administradores es una palanca de recuperación que los acreedores activan tarde o no activan en absoluto. Sin embargo, es una de las más relevantes cuando el concurso se califica como culpable.

La legislación concursal establece que el concurso puede declararse culpable cuando la insolvencia se ha generado o agravado por dolo o culpa grave del deudor o de sus administradores. En las startups, los supuestos más habituales que dan lugar a esta calificación son: el incumplimiento del deber de solicitar el concurso en plazo, la salida de activos por debajo de su valor de mercado en los dos años anteriores a la declaración, la contabilidad deficiente o la falta de llevanza de contabilidad conforme a la normativa mercantil, y los pagos a acreedores vinculados en perjuicio del conjunto de la masa.

Cuando el concurso se califica como culpable, los administradores afectados pueden ser condenados a la cobertura del déficit concursal, es decir, a responder con su patrimonio personal de la diferencia entre la masa activa y los créditos reconocidos que no puedan satisfacerse. Esta acción no es automática: requiere que la administración concursal – y, en su caso, el acreedor personado en la sección de calificación – acredite los presupuestos legales. Por eso, la personación activa en la sección de calificación es una decisión estratégica que el acreedor no puede dejar en manos exclusivamente de la administración concursal.

En el ecosistema de venture capital, un supuesto particularmente relevante es el de los administradores de hecho. El consejero nombrado por un fondo inversor en el consejo de administración de la participada puede quedar expuesto a acciones de responsabilidad si se prueba que participó activamente en la gestión que agravó la insolvencia. Este riesgo, que los fondos tienden a subestimar en la práctica, exige un análisis preciso de las actas de consejo, de los correos electrónicos de gestión y de las instrucciones impartidas en las reuniones del órgano de gobierno.

La adquisición de unidad productiva: oportunidades y riesgos para el acreedor estratégico

Cuando el concurso de una startup desemboca en liquidación, la figura de la adquisición de unidad productiva se convierte en un instrumento de enorme relevancia tanto para el acreedor que desea recuperar valor como para el tercero que quiere adquirir el negocio limpio de cargas. Esta figura ha cobrado una importancia creciente en el sector tecnológico español, donde el activo más valioso – el equipo, el código fuente, los contratos de clientes – puede perderse irreversiblemente si la liquidación se prolonga.

La normativa concursal permite transmitir el conjunto o una parte de la actividad empresarial como unidad productiva en el marco del concurso, con efectos de sucesión limitada en determinadas condiciones. Para los acreedores con garantías sobre activos concretos de la startup – derechos de propiedad intelectual, licencias, contratos comerciales con cláusulas de cambio de control – la transmisión de la unidad productiva puede afectar directamente al valor de sus garantías o al ejercicio de sus derechos de resolución contractual.

Puede consultarse un análisis pormenorizado de la estructura de transmisión de unidad productiva y sus implicaciones prácticas en nuestra nota técnica sobre la venta de unidad productiva en procesos concursales.

Para el acreedor que tiene la capacidad financiera de adquirir la unidad productiva, el concurso puede representar una oportunidad de consolidación de mercado o de recuperación del valor de su inversión a través de la adquisición directa del negocio. Esta estrategia, que hemos visto aplicar con éxito en concursos de empresas tecnológicas, requiere una planificación que debe comenzar mucho antes de la fase de liquidación.

¿Qué decisiones críticas debe adoptar la dirección y el acreedor estratégico antes de que se declare el concurso?

La gestión del tiempo es el factor más determinante en el resultado de cualquier proceso concursal para el acreedor. Identificamos cuatro decisiones que, en nuestra experiencia, marcan la diferencia entre una posición de recuperación aceptable y una pérdida irreversible.

Primera decisión: el reconocimiento temprano de la situación. El acreedor que monitoriza activamente la situación financiera de sus deudoras – especialmente cuando se trata de participadas en cartera – puede anticiparse meses antes a los síntomas formales de insolvencia. Los indicadores habituales en el sector: agotamiento del runway sin ronda en curso, impagos a Hacienda o a la Seguridad Social, retrasos en nóminas, litigios laborales crecientes y deterioro de los contratos de clientes. Cada semana de anticipación amplía el abanico de instrumentos disponibles.

Segunda decisión: la personación formal en el procedimiento. El acreedor que no se persona en el concurso pierde la posibilidad de influir en decisiones críticas: la composición de la administración concursal, la impugnación del inventario de la masa activa, la calificación de los créditos y la sección de calificación. La personación no es automática y requiere asistencia letrada. El plazo para comunicar los créditos es el que fija la resolución de apertura, y su incumplimiento genera consecuencias patrimoniales graves.

Tercera decisión: la revisión de los actos del período sospechoso. La normativa concursal permite impugnar determinados actos realizados por el deudor en los dos años anteriores a la declaración del concurso cuando han perjudicado a la masa. Esta es la acción de reintegración. Para el acreedor que sospecha que se han producido pagos preferentes a acreedores vinculados, transmisiones de activos estratégicos a precio inferior al de mercado o constitución de garantías en favor de determinados inversores, el examen de este período es un paso obligatorio.

Cuarta decisión: la estrategia de clasificación del crédito. La clasificación del crédito como privilegiado especial, privilegiado general, ordinario o subordinado determina el orden de cobro. En el ecosistema de venture capital, como señalábamos, la naturaleza del instrumento de financiación condiciona directamente la clasificación. El acreedor que no revisa esta clasificación con asesoramiento especializado puede aceptar pasivamente una clasificación desfavorable que podría haberse impugnado con éxito.

El asesoramiento temprano como reductor de coste y riesgo: tres escenarios reales

¿Evalúa si la contratación de asesoramiento concursal está justificada en una fase tan temprana? La respuesta que damos a nuestros clientes es invariablemente la misma: el coste del asesoramiento en la fase preconcursal es una fracción del coste de intentar recuperar posiciones una vez declarado el concurso. Ilustramos esta afirmación con tres escenarios que encontramos con frecuencia en el sector.

Escenario A – el fondo que espera. Un fondo de venture capital con una participación relevante en una startup en fase de crecimiento recibe señales de deterioro financiero. El equipo de inversión decide esperar a que el equipo directivo de la participada resuelva la situación internamente. Cuando el concurso se declara, el fondo descubre que la deuda convertible que aportó en la última ronda ha quedado clasificada como crédito subordinado por las características del instrumento y la vinculación societaria. La pérdida es total en el reparto de la masa. Un análisis previo a la declaración del concurso habría permitido explorar la conversión anticipada o la renegociación del instrumento bajo la tutela del plan de reestructuración.

Escenario B – el proveedor tecnológico estratégico. Una empresa de infraestructura tecnológica que presta servicios a una startup en dificultades acumula facturas impagadas durante varios meses. No comunica sus créditos en el plazo fijado por el juzgado de lo mercantil por desconocimiento del procedimiento. Su crédito queda reconocido tardíamente en una posición desfavorable. Hemos asesorado con regularidad a acreedores en situaciones similares: la personación temprana, con comunicación correcta y completa de todos los créditos – principal, intereses y costas – habría permitido maximizar la posición.

Escenario C – el co-inversor que activa la calificación. Un business angel con presencia activa en el consejo de administración de una startup detecta que los administradores ejecutivos han realizado pagos a proveedores vinculados al fundador en los meses previos a la declaración del concurso. Con asesoramiento concursal especializado, este co-inversor se persona en la sección de calificación, aporta la documentación necesaria y contribuye a que el concurso sea calificado como culpable. La condena al administrador ejecutivo permite recuperar una parte del déficit con cargo a su patrimonio personal. Hemos dirigido reestructuraciones y procesos concursales en empresas industriales y de servicios con dinámicas similares a esta.

Los tres escenarios tienen un denominador común: la anticipación y la personación activa con asesoramiento especializado marcan la diferencia entre una pérdida evitable y una pérdida consolidada. Para una orientación completa sobre cómo opera la defensa de acreedores en el procedimiento concursal, puede consultarse nuestra página dedicada a la defensa de acreedores en el concurso.

Checklist de actuaciones para el acreedor en el sector startups y venture capital

A modo de síntesis operativa, recogemos las actuaciones clave que todo acreedor – fondo, co-inversor, proveedor estratégico o entidad financiadora – debería revisar ante cualquier señal de deterioro financiero de una empresa del sector.

  • Revisar la naturaleza jurídica y la documentación del instrumento financiero utilizado: préstamo convertible, préstamo participativo, nota suscrita, participación en capital. La clasificación concursal depende de esto.
  • Verificar la existencia de garantías reales o personales asociadas al crédito y su correcta formalización e inscripción registral cuando proceda.
  • Monitorizar los indicadores de insolvencia inminente: retrasos en pagos a proveedores estratégicos, deudas con la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) o con la Seguridad Social, litigios laborales, reducción drástica de ingresos recurrentes.
  • Evaluar con un abogado concursal si procede instar la apertura de negociaciones bajo el paraguas del plan de reestructuración o participar activamente en las que haya iniciado el deudor.
  • Ante la declaración del concurso, personarse en el procedimiento ante el juzgado de lo mercantil competente, comunicar todos los créditos en plazo y en la forma correcta, e impugnar la clasificación si es desfavorable.
  • Revisar los actos del período sospechoso – los dos años anteriores a la declaración – para detectar posibles acciones de reintegración.
  • Valorar la personación activa en la sección de calificación si existen indicios de actuación dolosa o gravemente negligente de los administradores.
  • Analizar las posibilidades de adquisición de la unidad productiva si el negocio conserva valor y la liquidación es previsible.

Ninguna de estas actuaciones es sencilla ni está exenta de riesgo procesal si se ejecuta sin el conocimiento técnico adecuado. La complejidad del concurso de acreedores en el sector tecnológico e inversor exige un abogado concursal con experiencia específica en la tipología de instrumentos y en la dinámica de los órganos de gobierno de las startups.

Servicios relacionados con la defensa de acreedores en el concurso

La defensa de acreedores en el concurso conecta directamente con otras prácticas de nuestra firma. Cuando el deterioro financiero de una participada coincide con una transacción en curso, nuestra práctica de Derecho societario y operaciones (M&A) aporta la perspectiva necesaria para evaluar el impacto sobre la operación. En situaciones con componente laboral relevante – concursos con plantillas significativas o con ERE vinculado al procedimiento – nuestra práctica de Laboral y movilidad asesora en la coordinación entre el concurso y los procedimientos de regulación de empleo.

Para un análisis completo del área de reestructuración e insolvencia y de todos los instrumentos disponibles bajo la normativa española, puede consultar nuestra página de práctica de reestructuración e insolvencia.

Preguntas frecuentes

¿Qué implica defensa de acreedores en el concurso en startups y venture capital para una empresa?
Implica la representación y defensa activa de los intereses del acreedor – fondo, co-inversor, proveedor o entidad financiadora – a lo largo de todas las fases del procedimiento concursal de una startup. Esto incluye la comunicación y clasificación de créditos, la personación procesal ante el juzgado de lo mercantil, la participación en la negociación de planes de reestructuración, la impugnación de actos perjudiciales del período sospechoso y la actuación en la sección de calificación cuando existan indicios de concurso culpable. La estructura de capital habitual en el sector – con préstamos convertibles, participativos y ausencia de garantías reales – añade capas de complejidad que requieren análisis especializado desde el primer momento.
¿Qué plazos y costes conlleva defensa de acreedores en el concurso en startups y venture capital?
El plazo más crítico es la comunicación de créditos al administrador concursal en el término fijado por la resolución de apertura del concurso: su incumplimiento puede determinar la tardía clasificación del crédito con consecuencias patrimoniales directas. El plazo para impugnar el despido de un trabajador es de veinte días hábiles en el ámbito laboral, pero en el concurso los plazos procesales varían según la fase e incidencia. La duración total del procedimiento depende de la complejidad de la masa y de la vía – convenio o liquidación. En cuanto a costes, el asesoramiento preconcursal temprano representa habitualmente una fracción del coste de la defensa procesal plena, lo que refuerza la conveniencia de actuar antes de la declaración.
¿Qué riesgos hay que evitar en defensa de acreedores en el concurso en startups y venture capital?
Los riesgos más frecuentes que identificamos son: la inactividad inicial, que permite que la posición del acreedor se deteriore sin posibilidad de subsanación; la comunicación incorrecta o incompleta de créditos, que genera una clasificación desfavorable; la aceptación pasiva de la clasificación como subordinado cuando el instrumento financiero admite discusión; y la falta de personación en la sección de calificación cuando existen indicios claros de actuación culpable del deudor. En el entorno de las startups, un riesgo adicional es la exposición del consejero nombrado por el fondo inversor a acciones de responsabilidad como administrador de hecho.
¿Cuándo conviene contar con asesoramiento en defensa de acreedores en el concurso en startups y venture capital?
La respuesta inequívoca es: antes de que se declare el concurso. Los primeros síntomas de tensión financiera de una participada o deudora – impagos a la AEAT, retrasos en nóminas, agotamiento del runway sin ronda en curso – deben activar la consulta con un abogado concursal especializado. Una vez declarado el concurso, el margen de actuación se estrecha considerablemente. El plan de reestructuración y los demás instrumentos preconcursales solo son operativos en la fase previa. Si quiere evaluar su posición ante una situación de este tipo, es el momento de actuar: plantéenos su caso en info@velardevidal.com.

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