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Reestructuración e insolvencia

Startups y venture capital: preguntas sobre segunda oportunidad

Por Beatriz Salazar, Socia — Reestructuración e insolvenciaActualizado: 2032-06-01

La mayoría de las startups llegan a un momento crítico: la caja se agota, los inversores no renuevan y la dirección no sabe qué palanca activar primero. En ese instante, la diferencia entre cerrar de forma ordenada o destruir valor – y arrastrar responsabilidad personal al administrador – la determina cuánto antes se actúa y qué instrumentos se eligen. El marco concursal español ofrece herramientas reales para este escenario. El problema es que pocas compañías las conocen antes de que sea tarde.

En breve: La segunda oportunidad en el contexto de startups y venture capital implica activar los mecanismos que ofrece la legislación concursal española – planes de reestructuración, acuerdos extrajudiciales y, si es necesario, el concurso de acreedores – para preservar la actividad o exonerar el pasivo insatisfecho del deudor de buena fe. La clave es el momento: la normativa fija un deber de solicitar el concurso dentro de los dos meses desde que se conoce o se debería conocer la situación de insolvencia. Incumplir ese plazo puede derivar en responsabilidad personal del administrador.

¿Por qué las startups y las empresas respaldadas por venture capital afrontan un riesgo concursal particular?

Las startups operan bajo una lógica financiera que las distingue del resto del tejido empresarial. Queman caja de forma deliberada, financiadas por capital riesgo con la expectativa de crecer antes de ser rentables. Esa estructura es legítima y eficiente cuando los flujos de inversión se sostienen. Cuando se cortan, la empresa puede pasar de aparentemente solvente a técnicamente insolvente en semanas.

Hemos asesorado con regularidad a compañías de base tecnológica en las que la insolvencia no era evidente en el balance hasta que un vencimiento de deuda o el fin de una ronda dejaba al descubierto la imposibilidad de pagar compromisos corrientes. Ese desfase temporal entre la señal real y el reconocimiento formal genera el mayor riesgo: el administrador que no actúa en el plazo legal puede incurrir en responsabilidad personal por las deudas sociales generadas desde el momento en que debería haber actuado.

La estructura accionarial típica de una startup – con fondos de venture capital como socios mayoritarios o con derechos de liquidación preferente – añade complejidad adicional. Los intereses del fondo y del fundador administrador no siempre coinciden en un proceso concursal. Esa tensión debe gestionarse con claridad jurídica desde el primer momento.

¿Qué distingue a una empresa que logra reestructurarse de una que llega al concurso sin margen? En nuestra experiencia, la diferencia es invariablemente temporal: quienes activan el asesoramiento concursal con antelación tienen opciones; quienes esperan a que el banco ejecute o el proveedor demande, no.

¿Qué dice el marco legal aplicable a la segunda oportunidad en España?

El marco de referencia es el texto refundido de la Ley Concursal, reformado para transponer la Directiva europea de reestructuración e insolvencia, que entró en vigor en España en 2022. Esta reforma introdujo novedades relevantes para el entorno startup y para las empresas respaldadas por fondos de capital riesgo.

El sistema articula una escalera de herramientas ordenadas por grado de intervención judicial:

  • Planes de reestructuración: instrumento preconcursal que permite negociar con acreedores financieros y obtener la homologación judicial sin necesidad de declarar el concurso. Es el mecanismo natural para una startup con deuda financiera y capital riesgo en el pasivo.
  • Acuerdo extrajudicial de pagos: vía simplificada para empresas con deuda más reducida o estructura más sencilla. Interviene un mediador concursal.
  • Concurso de acreedores: procedimiento judicial de carácter universal. No equivale necesariamente al cierre; puede culminar en un convenio con los acreedores que permita la continuidad.
  • Procedimiento especial para microempresas: en vigor desde el 1 de enero de 2023, diseñado para agilizar la tramitación de empresas de tamaño reducido con menor coste procesal.
  • Exoneración del pasivo insatisfecho (régimen de segunda oportunidad propiamente dicho): permite al deudor persona física – o al administrador solidariamente responsable – liberarse del pasivo no satisfecho si cumple los requisitos de buena fe que exige la normativa.

La exoneración del pasivo insatisfecho tiene una dimensión especialmente relevante para los fundadores de startups que han avalado personalmente líneas de crédito o que pueden quedar expuestos como consecuencia de una declaración de concurso culpable. Saber desde el principio si la situación puede derivar en esa calificación es determinante para la estrategia.

Puede ampliar el contexto sobre los instrumentos disponibles en nuestra área de práctica de reestructuración e insolvencia.

¿Qué decisiones críticas debe gestionar la dirección de una startup ante tensiones de tesorería?

La gestión de una crisis de tesorería en una startup tiene una lógica secuencial. Las decisiones que se toman – o que se omiten – en las primeras semanas condicionan todas las opciones posteriores.

Reconocimiento temprano de la insolvencia

El primer paso es el más incómodo: reconocer formalmente que la empresa se encuentra o puede encontrarse en situación de insolvencia. La normativa concursal distingue entre insolvencia actual (no puedo pagar ahora) e insolvencia inminente (preveo que no podré pagar en el futuro próximo). Esta segunda categoría es la más útil para las startups: permite activar mecanismos preconcursales antes de que la situación sea irreversible.

En nuestra práctica hemos observado que los administradores de startups tienden a confundir la esperanza de una nueva ronda con la ausencia de insolvencia. Son conceptos distintos. Si los compromisos de pago no pueden atenderse con los recursos existentes – con independencia de la expectativa de inversión futura – la insolvencia puede estar ya presente.

Comunicación con los inversores de venture capital

Los fondos de capital riesgo tienen intereses propios en el proceso. Algunos cuentan con derechos de liquidación preferente que pueden convertirse en crédito concursal privilegiado. Otros pueden tener incentivos para apoyar una reestructuración si perciben valor residual en el negocio. Mapear esas posiciones antes de entrar en cualquier negociación formal es esencial.

La comunicación temprana y documentada con los inversores tiene también un valor probatorio: demuestra que el administrador ha actuado con diligencia y de buena fe, requisito imprescindible para acceder posteriormente a la exoneración del pasivo.

Análisis de la unidad productiva

En muchas startups, el activo de mayor valor no es tangible: es la unidad productiva – el equipo, la tecnología, las licencias, los contratos de clientes. La normativa concursal permite la transmisión de la unidad productiva en el marco del concurso, lo que puede preservar el negocio bajo una estructura diferente aunque la sociedad deudora no sobreviva. Esta posibilidad debe analizarse con antelación suficiente para que la operación no se realice en condiciones de urgencia que deterioren el precio.

Responsabilidad del administrador

La responsabilidad de los administradores es el vector de riesgo personal más relevante de todo el proceso. La normativa societaria y la legislación concursal establecen que el administrador que no convoca junta para disolver la sociedad en situación de pérdidas cualificadas, o que no solicita el concurso en el plazo legal, puede responder personalmente de las deudas sociales generadas desde ese momento.

¿Cómo se cuantifica esa exposición? Depende de cuántas deudas se hayan generado durante el período de omisión. En startups con burn rate elevado, el importe puede ser significativo en pocas semanas.

¿Cómo funcionan los planes de reestructuración en el entorno startup?

El plan de reestructuración es el instrumento central de la reforma de 2022 y el más adecuado para empresas con deuda financiera estructurada, como las startups que han recibido préstamos participativos, líneas de crédito bancarias o financiación de los propios fondos.

El plan permite negociar con los acreedores afectados la modificación de los términos de la deuda – quitas, esperas, conversiones en capital – y obtener la homologación judicial sin necesidad de que todos los acreedores voten a favor. La regla de la mayoría, articulada por clases de crédito, puede imponerse a los acreedores disidentes dentro de los límites que fija la norma.

Para una startup, las implicaciones prácticas son relevantes:

  • Permite reestructurar la deuda con los fondos de capital riesgo que hayan otorgado préstamos, sin necesidad de su voto favorable si se alcanza la mayoría en esa clase.
  • Preserva la continuidad del negocio durante la negociación, con la posibilidad de solicitar una paralización provisional de las ejecuciones individuales.
  • No requiere la intervención de un administrador concursal, lo que reduce costes y mantiene el control de la gestión en el equipo directivo.
  • Exige asesoramiento técnico especializado desde la preparación del plan, dado que los requisitos formales y de contenido son exigentes.

El acceso a este instrumento exige actuar antes de la declaración de concurso. Una vez declarado el concurso, el plan de reestructuración preconcursal ya no es viable. Esta restricción temporal es la razón por la que el asesoramiento temprano no es una opción, sino una condición para mantener abiertas las alternativas.

Si su empresa afronta tensiones de deuda financiera, nuestro equipo puede orientarle sobre los mecanismos de refinanciación de deuda disponibles antes del concurso.

¿Qué papel desempeña el preconcurso en la estrategia de una startup?

La comunicación de negociaciones al juzgado de lo mercantil – lo que la práctica denomina habitualmente preconcurso – es un mecanismo de protección temporal que permite al deudor negociar con sus acreedores sin el riesgo inmediato de una solicitud de concurso necesario por parte de un acreedor.

Para una startup, el preconcurso puede ganar tiempo valioso. Ese tiempo debe dedicarse a negociar el plan de reestructuración, explorar la entrada de un nuevo inversor o preparar la transmisión de la unidad productiva. No es un instrumento de dilación: la normativa fija plazos precisos durante los cuales se mantiene la protección, y si no se alcanza un acuerdo o no se solicita el concurso, el mecanismo caduca.

Hemos dirigido reestructuraciones y procesos concursales en empresas industriales y de servicios en los que el uso estratégico del preconcurso fue determinante para completar la negociación con acreedores financieros en condiciones razonables. El margen que ofrece este instrumento es real, pero exige ser utilizado con un plan claro desde el primer día.

¿Qué ocurre con la responsabilidad de los administradores en el concurso de una startup?

La calificación del concurso como culpable es el riesgo más grave que puede asumir un administrador de una startup en situación concursal. Un concurso culpable puede generar responsabilidad personal e ilimitada del administrador por el déficit concursal – la diferencia entre el pasivo y los activos liquidados.

Las causas que pueden llevar a la calificación culpable son variadas. Algunas son especialmente frecuentes en el entorno startup:

  • Retraso injustificado en la solicitud del concurso.
  • Salida de activos relevantes – transferencia de tecnología, cesión de contratos clave – en los dos años anteriores al concurso sin contraprestación adecuada.
  • Pagos a partes vinculadas – incluidos los propios fondos de capital riesgo si son acreedores – en condiciones no de mercado en el período previo.
  • Irregularidades contables que dificulten el conocimiento de la situación real de la empresa.

En nuestra experiencia asesorando a empresas tecnológicas, la presión de los inversores para recuperar su inversión antes del concurso es uno de los factores de riesgo más frecuentes. Una operación de retorno de capital o de amortización de préstamo con el fondo, realizada cuando la empresa ya era técnicamente insolvente, puede ser revisada por la administración concursal y generar las consecuencias descritas.

La responsabilidad de los administradores debe evaluarse antes de tomar cualquier decisión de disposición de activos o de pago preferencial. No después.

¿Cómo puede el asesoramiento temprano reducir el coste y el riesgo en una situación concursal?

Existe una creencia extendida en el ecosistema startup según la cual acudir a un abogado concursal equivale a admitir el fracaso. Esa percepción tiene un coste real. La realidad que observamos en nuestra práctica es la opuesta: quienes activan el asesoramiento cuando la tensión de tesorería es todavía manejable tienen más opciones, más tiempo para negociarlas y menor exposición personal.

El valor del asesoramiento temprano opera en tres planos:

Diagnóstico de la situación real

Un análisis concursal riguroso permite determinar si la empresa se encuentra en insolvencia actual o inminente, qué instrumentos están disponibles y cuáles son los plazos que obligan a actuar. Este diagnóstico no tiene por qué conducir al concurso: puede concluir en una estrategia de reestructuración extrajudicial o en un plan de viabilidad que evite cualquier procedimiento formal.

Preservación de las opciones

Cada semana de demora cierra una puerta. El plan de reestructuración preconcursal requiere que la empresa no haya sido declarada en concurso. La exoneración del pasivo insatisfecho exige haber actuado de buena fe y dentro de los plazos. La transmisión de la unidad productiva en condiciones razonables requiere tiempo para estructurar la operación. Ninguna de estas opciones puede activarse retroactivamente.

Protección del administrador

El asesoramiento documentado desde el momento en que se identifica la dificultad financiera es la mejor prueba de la diligencia y buena fe del administrador. Si el concurso llega a declararse, esa documentación es el escudo frente a una eventual calificación culpable.

Puede conocer un caso real de reestructuración resuelta favorablemente antes del concurso en nuestro caso de refinanciación en el sector de energía y renovables.

¿Qué checklist debe revisar una startup antes de iniciar cualquier proceso concursal?

Antes de tomar ninguna decisión formal, el equipo directivo de una startup debe verificar los siguientes puntos con su asesor concursal:

  • Diagnóstico de la posición concursal: ¿existe insolvencia actual o inminente? ¿Se ha formalizado ese análisis por escrito?
  • Plazo de actuación: ¿cuándo se conoció o debería haberse conocido la situación de insolvencia? El plazo de dos meses para solicitar el concurso corre desde ese momento.
  • Mapa de acreedores: ¿quiénes son los acreedores financieros, cuáles tienen crédito privilegiado y cuál es la posición de los fondos de venture capital?
  • Análisis de operaciones recientes: ¿se ha realizado algún pago, transmisión de activo o retorno de capital en los dos años anteriores que pudiera ser revisado en un concurso culpable?
  • Identificación de la unidad productiva: ¿qué activos y contratos tienen valor real? ¿Pueden transmitirse como unidad?
  • Instrumentos preconcursales disponibles: ¿es viable un plan de reestructuración? ¿Existe masa crítica de acreedores negociadores?
  • Situación del administrador: ¿tiene avales personales? ¿Existe riesgo de calificación culpable a la vista de las decisiones tomadas?
  • Comunicación con inversores: ¿están los fondos de venture capital informados? ¿Tienen incentivos para apoyar la reestructuración?

Este análisis no es un trámite burocrático. Es la hoja de ruta que determina qué opciones están abiertas y cuáles ya se han cerrado.

Preguntas frecuentes

¿Qué implica segunda oportunidad para una empresa?
En el contexto empresarial español, la segunda oportunidad designa el conjunto de mecanismos que ofrece la legislación concursal para que una empresa insolvente – o su administrador, como persona física responsable – pueda reestructurar o liquidar su deuda de forma ordenada y, si se cumplen los requisitos de buena fe, obtener la exoneración del pasivo insatisfecho. No es exclusiva de consumidores: los instrumentos preconcursales, los planes de reestructuración y el procedimiento especial para microempresas están diseñados también para el tejido empresarial, incluidas las startups y las compañías respaldadas por capital riesgo. La condición determinante es actuar dentro de los plazos legales.
¿Qué plazos y costes conlleva segunda oportunidad?
El plazo más crítico es el deber de solicitar el concurso de acreedores dentro de los dos meses desde que se conoce o debería conocerse la insolvencia. Su incumplimiento puede derivar en responsabilidad personal del administrador. Los plazos del procedimiento varían según el instrumento: los planes de reestructuración preconcursales pueden negociarse en semanas o meses dependiendo de la complejidad del pasivo; el concurso de acreedores tiene plazos procesales que la normativa regula con detalle. En cuanto a los costes, dependen de la complejidad del pasivo, el número de acreedores y si se requiere administración concursal. Conviene cuantificarlos con asesoramiento específico antes de elegir la vía.
¿Qué riesgos hay que evitar en segunda oportunidad?
Los principales riesgos que observamos en empresas que afrontan un proceso concursal son: el retraso en la solicitud del concurso, que puede generar responsabilidad personal del administrador; la realización de operaciones con partes vinculadas – incluidos fondos inversores – en condiciones no de mercado en el período previo; la salida de activos relevantes sin contraprestación adecuada, que puede revertirse en el concurso; y la falta de documentación que acredite la buena fe del administrador. Estos riesgos son prevenibles si el asesoramiento concursal se activa antes de que la situación sea irreversible.
¿Cuándo conviene contar con asesoramiento en segunda oportunidad?
La respuesta es simple: antes de lo que el instinto sugiere. El asesoramiento concursal especializado no es la última llamada antes del cierre; es la herramienta que determina qué opciones siguen abiertas. En nuestra práctica, las empresas que acuden cuando la tensión de tesorería es manejable – antes de que un acreedor ejecute, antes de que venza un préstamo crítico – tienen acceso a instrumentos preconcursales que preservan la continuidad del negocio. Las que acuden cuando ya no hay margen solo pueden gestionar el daño. Si existe cualquier duda sobre la capacidad de pago a corto o medio plazo, ese es el momento de actuar.

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