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Reestructuración e insolvencia

Startups y venture capital: microempresas vs concurso ordinario

Por Beatriz Salazar, Socia — Reestructuración e insolvenciaActualizado: 2031-04-14

El ecosistema de startups y de fondos de venture capital que operan en España convive, cada vez con mayor frecuencia, con una realidad que ningún inversor ni fundador anticipa al cierre del último round: la insolvencia. Cuando la tesorería colapsa, la elección del cauce concursal correcto puede marcar la diferencia entre reflotar el negocio y perderlo. En este análisis comparamos las dos vías que el legislador español pone sobre la mesa: el procedimiento especial para microempresas y el concurso ordinario.

En breve: Para una startup o una empresa participada por venture capital, la elección entre el procedimiento especial para microempresas y el concurso ordinario depende del tamaño, de la urgencia y del objetivo real de la dirección. La legislación concursal vigente – reformada para transponer la Directiva europea de reestructuración en 2022 e implantada plenamente desde el 1 de enero de 2023 – ofrece instrumentos diferenciados según el volumen del deudor. Activar el cauce equivocado, o activarlo tarde, expone al administrador a responsabilidad personal y destruye el valor residual del negocio.

¿Qué es cada procedimiento y cuándo resulta aplicable a una empresa tecnológica?

La Ley Concursal, en su texto refundido reformado, establece un procedimiento especial para microempresas que entró en vigor el 1 de enero de 2023. Su diseño parte de un diagnóstico claro: las pymes y empresas pequeñas no pueden sostener los costes y la complejidad del concurso ordinario.

Para una startup, la relevancia de esta distinción es inmediata. Muchas empresas tecnológicas en fase de crecimiento o en etapas post-seed encajan en los parámetros que definen una microempresa conforme a la normativa mercantil y concursal vigente: plantilla reducida, balance todavía modesto y cifra de negocio que no ha alcanzado ciertos umbrales. La norma exige verificar esos umbrales en el momento de presentar la solicitud.

El concurso ordinario, en cambio, está concebido para empresas con una mayor masa activa, con acreedores más heterogéneos y con estructuras de capital más complejas. Una startup con varias rondas de financiación, deuda estructurada y fondos de venture capital como acreedores o socios puede superar los umbrales de la microempresa y verse abocada al procedimiento ordinario.

¿Cómo saber cuál corresponde? La verificación debe hacerse con rigor y sin dilación. En nuestra experiencia asesorando a empresas en estas situaciones, el error más frecuente es dar por supuesto el cauce sin analizar previamente el balance consolidado y la composición real del pasivo.

Tabla de decisión: microempresa vs concurso ordinario en clave de startup

Criterio Procedimiento para microempresas Concurso ordinario
Acceso Disponible si se cumplen los umbrales de microempresa definidos en la normativa concursal vigente Para empresas que superan dichos umbrales o que así lo elijan
Coste relativo Significativamente inferior: tramitación más ágil y sin administración concursal compleja en muchos casos Mayor: intervención de administrador concursal, honorarios de escala, costes de masa
Plazo estimado Sensiblemente más breve; fijado por la legislación concursal para este tramo Variable y generalmente más largo; puede prolongarse durante años en concursos complejos
Continuidad de la actividad Orientado a soluciones de continuación o liquidación simplificada; sin administrador que intervenga la gestión en fase ordinaria El administrador concursal puede intervenir o suspender las facultades del deudor
Reversibilidad Si hay acuerdo entre acreedores, mayor flexibilidad para mantener la unidad productiva El plan de reestructuración o convenio permite también la continuidad, pero con mayor formalidad
Exposición del administrador La responsabilidad de administradores se activa igualmente si hay actuación culpable; no hay inmunidad por la vía escogida La sección de calificación puede declarar el concurso culpable y condenar a los administradores
Idoneidad para startups con VC Alta, si la empresa no supera los umbrales; ideal para fases pre-series A o con pasivo sencillo Necesario si hay deuda estructurada, convertibles complejos, o pasivo que supera los umbrales

La tabla anterior refleja el estado del marco normativo vigente. Conviene verificar con la normativa actualizada si la empresa se sitúa en la frontera de los umbrales, ya que un cambio en el balance puede desplazar el cauce aplicable.

¿Qué plazos críticos debe gestionar el administrador de una startup en situación de insolvencia?

Aquí es donde más se equivocan los fundadores. La presión del consejo, la expectativa de cerrar una nueva ronda y el optimismo estructural de los equipos directivos de startups generan un retraso en el diagnóstico que tiene consecuencias jurídicas graves.

La normativa concursal impone el deber de solicitar el concurso dentro de los dos meses desde que el administrador conoció o debió conocer la insolvencia. Este plazo no es orientativo. Su incumplimiento constituye uno de los elementos que los juzgados de lo mercantil valoran para determinar si el concurso es culpable, con la consiguiente responsabilidad personal de los administradores.

¿Qué ocurre en la práctica? Un fondo de venture capital puede presionar para no activar el concurso mientras negocia una ampliación de capital o una operación de salvamento. Esa negociación no suspende el cómputo del plazo. Si el estado de insolvencia es actual – y no meramente inminente –, la dirección debe actuar.

El instrumento del preconcurso permite comunicar al juzgado la apertura de negociaciones con los acreedores sin solicitar todavía el concurso. Es un escudo temporal de uso estratégico. Pero también tiene su propio calendario procesal, y utilizarlo incorrectamente puede agotar el margen disponible.

Hemos observado, en nuestra práctica, que las empresas que acuden a asesoramiento concursal especializado en la fase de insolvencia inminente – antes de que la caja se agote del todo – preservan más opciones y negocian en mejores condiciones con los fondos inversores y con los acreedores financieros.

La unidad productiva: el activo que no puede perderse en la liquidación de una startup

Para una empresa tecnológica, el valor no reside en sus activos físicos. Reside en el código, en el equipo, en los contratos con clientes y en la propiedad intelectual. Todo eso es la unidad productiva.

La Ley Concursal prevé mecanismos para transmitir la unidad productiva con continuidad de las relaciones laborales y los contratos en curso, tanto en el marco del concurso ordinario como en el procedimiento para microempresas. Esta figura es especialmente relevante en el ecosistema de venture capital: permite que un fondo o un competidor adquiera el negocio operativo de la empresa insolvente, incluyendo su tecnología y su plantilla, mientras el cascarón societario liquida el pasivo.

La transmisión de la unidad productiva requiere una planificación previa. No puede improvisarse en el momento de la liquidación. Los juzgados de lo mercantil exigen un plan creíble y la identificación precisa de qué elementos integran esa unidad. Si la empresa ha esperado demasiado, el valor se ha erosionado: el equipo se ha ido, los contratos han vencido o los clientes han migrado.

Un plan de reestructuración bien diseñado, activado antes de que la insolvencia sea irreversible, puede ofrecer a los fondos de venture capital la posibilidad de conservar su participación en la nueva estructura o de recuperar parte de su inversión mediante la cesión ordenada del negocio. Ninguna de las dos opciones está disponible si se espera demasiado.

¿Cuándo el plan de reestructuración preconcursal es preferible al concurso?

La reforma de 2022 introdujo en el Derecho español los planes de reestructuración como instrumento preconcursal con plena eficacia legal. Este mecanismo permite a la empresa que todavía no es insolvente – o que afronta una insolvencia probable – acordar con sus acreedores financieros una restructuración del pasivo sin necesidad de declarar el concurso.

Para una startup o una empresa en cartera de un fondo de venture capital, el plan de reestructuración ofrece ventajas que ninguno de los dos procedimientos concursales puede igualar:

  • La empresa mantiene el control de su gestión durante la negociación.
  • El proceso es confidencial hasta que se homologa judicialmente.
  • Los acuerdos pueden forzarse sobre acreedores disidentes mediante las normas de arrastre, si se alcanzan las mayorías legalmente exigidas.
  • La imagen reputacional ante clientes, socios y proveedores sufre un impacto mucho menor que en el concurso.

El plan de reestructuración no es adecuado para todas las situaciones. Si el pasivo operativo es muy amplio – con proveedores, empleados y Hacienda entre los principales acreedores –, la negociación bilateral de un plan con los fondos de deuda puede resultar insuficiente. En ese caso, el concurso ordinario ofrece un marco de protección más completo.

La clave es el diagnóstico previo. Antes de decidir la vía, es imprescindible analizar la estructura del pasivo, la viabilidad del negocio y el calendario de vencimientos. Ese análisis es el trabajo de un abogado concursal con experiencia en reestructuración, no una decisión que pueda adoptarse en la reunión de consejo en la que se constata la crisis de liquidez.

Si quiere entender qué opción es más adecuada para su empresa, puede plantear su caso a nuestro equipo escribiendo a info@velardevidal.com. Le ayudaremos a evaluar las opciones disponibles antes de que el plazo legal se agote.

Responsabilidad de administradores: el riesgo personal que el ecosistema VC subestima

Los fundadores que son también administradores de la sociedad soportan un riesgo personal que con frecuencia desconocen o minimizan. La normativa concursal contempla la calificación del concurso como culpable cuando la insolvencia ha sido generada o agravada por una actuación dolosa o gravemente negligente de los administradores.

En el contexto de una startup, los comportamientos más habituales que abren la puerta a la calificación culpable son los siguientes:

  • Retraso deliberado en la presentación del concurso, a menudo justificado como "esperar a que se cierre la ronda".
  • Pagos a socios o fondos inversores con preferencia sobre otros acreedores, en los dos años anteriores al concurso.
  • Disposición de activos del patrimonio social a favor de partes vinculadas sin contraprestación o con contraprestación insuficiente.
  • Falta de contabilidad ordenada o documentación incompleta de las operaciones con los inversores.

Los representantes de los fondos de venture capital que ocupan asientos en el consejo de administración de la participada no están exentos de esta exposición. Si participaron activamente en las decisiones que generaron o agravaron la insolvencia, pueden verse incluidos en la sección de calificación. Este es un riesgo que los equipos de gestión de los fondos deben valorar en su función de supervisión de las participadas en dificultades.

La exoneración del pasivo insatisfecho –conocida como mecanismo de segunda oportunidad– está disponible en la legislación concursal vigente para el deudor de buena fe. No aplica cuando se declara el concurso culpable. Ese detalle, solo, debería ser suficiente para motivar una actuación diligente y temprana.

¿Cómo trabaja el asesoramiento concursal especializado en estos procesos?

Hemos dirigido reestructuraciones y procesos concursales en empresas industriales y de servicios. En el sector tecnológico, la complejidad no procede de la masa de activos físicos, sino de la estructura de capital: notas convertibles, pactos de socios con derechos de liquidación preferente, instrumentos de deuda participativa, cláusulas de anti-dilution en los contratos de inversión.

Cuando una startup o su fondo inversor nos contacta, el primer paso es siempre el mismo: un análisis urgente de la estructura de pasivo, de los contratos vigentes y del estado de la caja. Ese análisis determina qué cauce es el adecuado y cuánto tiempo queda para actuar.

El trabajo comprende tres ejes que se desarrollan en paralelo:

  1. Diagnóstico concursal: determinación de si existe insolvencia actual o inminente, cuantificación del pasivo exigible y análisis de los umbrales de procedimiento.
  2. Estrategia de reestructuración o concurso: diseño del instrumento adecuado – plan de reestructuración preconcursal, comunicación de preconcurso, procedimiento de microempresa o concurso ordinario – y negociación con los acreedores clave.
  3. Protección del administrador: asesoramiento al órgano de administración sobre sus obligaciones legales durante el proceso, documentación de las decisiones y, cuando procede, coordinación con abogados colegiados para la representación ante los juzgados de lo mercantil.

Puede obtener más información sobre nuestro enfoque en reestructuración e insolvencia en nuestra página de práctica. Para empresas que ya están en proceso, nuestra guía sobre cómo continuar la actividad durante el concurso resulta de utilidad: cómo continuar la actividad durante el proceso concursal.

Checklist: señales de alerta que exigen análisis inmediato

Antes de concluir, recogemos las señales que, en nuestra experiencia, indican que la dirección de una startup o empresa en cartera de un fondo debe convocar una consulta concursal sin demora:

  • La empresa no puede pagar sus deudas con vencimiento en los próximos tres meses con la caja disponible y los compromisos de inversión existentes.
  • El fondo principal ha comunicado que no participará en la próxima ampliación de capital.
  • Existen impagos con la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) o con la Tesorería General de la Seguridad Social de más de dos períodos consecutivos.
  • Los proveedores clave han comenzado a exigir pago anticipado o han cancelado crédito comercial.
  • El administrador ha recibido una comunicación de un acreedor significativo que le notifica el vencimiento anticipado de la deuda.
  • Han pasado más de cuatro semanas desde que se constató la situación de insolvencia y no se ha solicitado asesoramiento jurídico especializado.

Ninguna de estas señales aislada es automáticamente determinante. En conjunto, configuran un escenario de insolvencia inminente o actual que exige análisis inmediato. La inacción en este punto es el mayor riesgo para el administrador: no el concurso en sí, sino el retraso en abordarlo.

Servicios relacionados

El proceso concursal de una startup rara vez es solo concursal. La reestructuración de la deuda se entrelaza con las modificaciones de la estructura societaria, la renegociación de los pactos de socios y la revisión de los contratos de inversión. Nuestro equipo de Derecho societario y operaciones trabaja en coordinación con el área de reestructuración para preservar la coherencia de la operación. Cuando el proceso implica litigación o arbitraje entre socios, colaboramos además con abogados colegiados en la defensa ante los juzgados de lo mercantil. Para cuestiones relacionadas con el sector inmobiliario y la inversión extranjera en procesos de adquisición de unidades productivas, puede consultar también nuestra sección de preguntas frecuentes sobre segunda oportunidad y reestructuración inmobiliaria.

Preguntas frecuentes

¿Qué implica microempresas vs concurso ordinario para una empresa?
La distinción determina el cauce procesal aplicable, el coste del procedimiento y el grado de intervención judicial en la gestión de la empresa. Una microempresa que acude al procedimiento especial tramita su insolvencia de forma más ágil y económica. Una empresa que supera los umbrales debe seguir el concurso ordinario, con todas sus implicaciones en materia de administración concursal y sección de calificación. Para una startup, escoger el cauce correcto depende de verificar rigurosamente su situación patrimonial en el momento de la solicitud, no de una estimación aproximada.
¿Qué plazos y costes conlleva microempresas vs concurso ordinario?
El procedimiento para microempresas está diseñado para ser más breve y menos costoso que el ordinario. El concurso ordinario puede prolongarse durante períodos significativos, especialmente cuando hay litigación en la sección de calificación o en la impugnación del inventario. En cuanto a los costes, el concurso ordinario implica honorarios de administrador concursal que se calculan conforme a los criterios que fija la normativa vigente. Los plazos concretos los determina la legislación concursal y la carga del juzgado mercantil competente; conviene verificar la situación con la normativa actualizada.
¿Qué riesgos hay que evitar en microempresas vs concurso ordinario?
El principal riesgo es el retraso. El deber legal de presentar el concurso dentro de los dos meses desde que el administrador conoció o debió conocer la insolvencia no admite excepciones. Además, los pagos preferentes a socios o fondos en los dos años anteriores al concurso pueden ser rescindidos judicialmente. La falta de contabilidad ordenada y la ausencia de documentación de las operaciones con inversores son factores que agravan la exposición del administrador en la sección de calificación. El concurso culpable puede derivar en responsabilidad personal.
¿Cuándo conviene contar con asesoramiento en microempresas vs concurso ordinario?
Siempre antes de que la insolvencia sea actual. El asesoramiento en la fase de insolvencia inminente – cuando el problema es previsible pero todavía no se ha materializado – permite activar instrumentos preconcursales como el plan de reestructuración o la comunicación de negociaciones, que preservan opciones que el concurso ya no ofrece. En nuestra práctica, las empresas que contactan con un abogado concursal especializado cuando la caja todavía tiene margen obtienen mejores resultados que las que lo hacen en el momento del impago.

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